Regalo

Quiero que en mi próximo cumpleaños alguien me regale un abrazo que me quiebre seis costillas y otros dos huesos. Un beso tan sincero que me obligue a suspirar y una mirada tierna, capaz de invitarme a creer y soñar. Espero también escuchar una nueva historia de mi padre, una inventada o repetida, quizás. Y sobretodo, deseo un sueño con Mama. Un sueño largo, esos que difícilmente puedo olvidar y que me dicen si estoy haciendo las cosas bien o si estoy haciendo todo al revés.

Quisiera que, como obsequio, pueda prolongar mi tranquilidad y mantener intacta la paz que encuentro cuando cierro los ojos o al caminar. Deseo despertarme cada mañana con la misma ilusión, guardar todavía un poquito de infancia y acostarme con la certera de que el futuro es un monstruo que nunca vendrá. Quiero tener las palabras exactas para escribirlas todo el día en miles de hojas de papel o frente al monitor y que un golpe de suerte o esfuerzo las lleve más allá. También quisiera ver una película clásica, una canción larga para silbar y un buen libro para leer.

Espero ver a mi familia siempre unida y que nada se atreva a perturbar nuestra extraña felicidad. Que el éxito y la salud sean una constante de cada uno de ellos. Que los más grandes se desesperen menos y que los más pequeños no dejen de gritar, divertirse y molestar. Quiero verlos siempre, un fin de semana cualquiera, un primero de diciembre y sentados como siempre, hablando tonterías en navidad.

Espero que como aporte económico y comercial cualquier ser querido (o no querido, da igual) me regale una moto más grande, lineal. Para llegar más lejos y sólo porque así se puede sentir el verdadero principio de libertad. Ahora bien, tampoco me molestaría recibir ese cadillac plateado que he visto en la pagina seis de mercado libre en internet o ese torino que descansa unas cuadras antes de llegar a casa. Otra opción sería un viaje a mi querido Ecuador, un skate con casco y protector, un nueva trompeta o un trombón. Una pelota de futbol o lentes 3D.

Y si a todo ello no hay respuesta, quisiera un regalo hecho con las manos. Despertar en una montaña, una tarde en el preciso momento en que se pone el sol. Una noche a orillas del mar y una conversación bajo media docena de estrellas. Un pie sobre mi pierna, mi mano entre cabellos o en una cadera y escuchar la promesa eterna de que todo va a estar bien, sin importar de que labios provengan.

Reconocimiento

Maritza quiere ser actriz. No cree haber nacido para realizar otra función que no sea interpretar personajes bien distintos a ella. Ha fracasado estudiando ingles, computación, arquitectura y hace unos meses dejó las clases de cosmetología que sus padres le habían recomendado seguir con la esperanza de que su hija se integre, rápidamente, al gran mercado laboral para no ser una desempleada más.

Pero ella no quiere ser parte de ese mercado ni de ningún otro que no sea el actoral. Brillar sobre las tablas y tener el reconocimiento del público. Lo ha intentado desde que tiene uso de razón. En la escuela, con papeles secundarios y principales en los que interpretaba a mariposas, árboles, heroinas y hadas. Entonces supo que no había otro oficio en el que encajará mejor que representando vidas ajenas para el delite del respetable. Por ello, ni bien termino el colegio se presento a cientos de casting con la seguridad de obtener algún papel, por más pequeño que fuera, pero sólo obtenía las gracias por su presencia y la clásica frase: “No nos llames, nosotros te llamaremos”.

A pesar de las caidas y los rechazos, Maritza nunca se desanimo. Incluso, parecía encontrar ciertas fuerzas en esos rebotes que eran constantes y que a sus treinta años, todavía parecía hallar ganas para un intento más. Vistió su mejor traje como cada lunes de cada semana y salió presurosa a realizar una prueba donde espera obtener el rol estelar. Esa mañana, la vida le designaría su mayor satisfacción y despues de tanta perseverancia logró obtener el personaje más distinguido de una puesta en escena, próxima a estrenarse.

Se entregó al máximo en los ensayos y memorizó cada línea del guión para que el día del estreno se notará su profesionalismo y sus padres, al fin, acepten que estar parada sobre un escenarios es su verdadera vocación. El esperado debut fue un fin de semana. Asistió mucha gente al teatro entre los que pudo distinguir a sus familiares y amigos. Cercanos y lejanos. La obra se desarrollo perfectamente y fue ella quien arrancó las mayores de las emociones. Cuando el espectáculo culmuno, los asistentes agradecían de pie con fuertes palmas.

Fue la noche de Maritza, sin dudas. Se alisto para salir pero no a casa. Quería caminar un rato sola. Reflexionar sobre el esfuezo y sus frutos, las consecuencias del éxito, beberse un café y felicitarse por su fe. Se despidió de sus compañeros de escena que no podían dejar de aplaudirla por su brillante actuación. Salió del teatro pero aún había gente que comentaba la obra y que la verla la ovacionarón emocionados. Tuvo que caminar un buen tramo para sentirse sola y cuando creía que lo había logrado pasaban una o dos personas, al verla, le hacían reverencias y no podían dejar de enviarle cumplidos, siempre con las manos.

Subió a un taxi para encontrar cierta privacidad pero al entablar el trato con el chofer, este también le regalaba aplausos, incluso, prometió no cobrarle la carrera. Confundida por tantas palmas, Maritza decidió tomar el autobús. Pagó el pasaje correspondiente y cuando parecía que el acecho de palmas había llegado a su fin, todos los pasajeros del vehículo se levantarón de sus asientos y no pararón de aplaudirla durante todo el trayecto.

Cuando llegó a casa, sus padres y amigos la esperaban con una pequeña recepción en las que no dejaban de sonar lo aplausos. La conversación era escaza pues apenas se podía escuchar las voces por el sonido de la ovación que la gente le obsequiaba. Al día siguiente, cuando hubo que presentar la obra nuevamente; bastó que ella, en su primer protagónico, saliera al escenario para que los espectadores se levantarán de sus butacas y empezarán con los interminables apalusos. La puesta se realizó a duras penas. No hubó espacio ni diálogos para los demás actores. La temporada debió ser evaluada y Maritza fue cesada de su primer rol como actriz profesional. Se acabó su sueño. Pero las palmas siguierón sonando.

Creía estar a salvo en casa pero los aplausos se escuchaban adentro y afuera. Si debía salir para realizar algún tramite o una actividad, las palmas la seguián. Si estaba en su habitación, no podía hallar tranquilidad porque el palmoteo era constante. Tanto, que tuvo que recurrir a un especialista que la atendió en medio de aplausos y que sólo le recomendo reposo, que todo acabaría pronto, pero no fue así.

Han pasado tres años, Maritza ya no insiste en ser actriz pero sigue escuchando los aplausos, esta vez, dentro de una camisa sin mangas y encerrada entre cuatro paredes blancas sin acabados.

Princesa Manzana

Es imposible que sea la última vez que escriba sobre tí pero es la primera ocasión en que siento un ligero miedo. Un temor que me invade cada vez que presiono alguna tecla, una vez más. Y no es un pánico irracional ni fobia parecida. Es un miedo sustentado en una actividad que ya dominas muy bien: Has aprendido a leer. Por ello, ahora me siento descubierto, me has puesto en desventaja. Antes podía escribir cuanto podía sobre tí, en cambio ahora trato de atar mis manos para no hacerlo pero la literatura y el amor (siempre) son más fuertes.

Ya no eres la bebita que encajaba a la perfección entre mis brazos y paseaba por miles de cuadras. Cantarte en voz bajita y tratar de imitar a Barney ya no es suficiente. Hoy no tengo que procuparme por espantarte fantasmas de la habitación y revisar si hay monstruos bajo el colchón y me apena. Ahora eres una niña, muy linda, lista e inteligente. Una combinación que debes tratar de conservar cuando seas una mujer con derecho a decidir, como tu madre o como tus tías.

Aunque eso no podía evitarlo porque el tiempo es inevitable y cruel, tampoco he podido evitar que ahora ya no vivas más en esta casa que te vio crecer. ¿No recuerdas tus primeros pasos? Yo te los enseñe. Lejos de mamá, eras más fuerte, te movías de lado a lado y supe que querías hacer algo más, que ese juguete llamado andador te convertía en prisionera y por ello te libere de él y caminaste. Y mira, lo irónico que es la vida: Esos pasos ahora te han llevado lejos de mí, a una casa que ahora es tuya y se adueña de tu eterna energía. Mientras que aquí sobra una habitación que de tan solo verla vacía, me roba a plazos la alegría.

Tú ya me conoces, no de sobra, pero si lo suficente para adivinar que te quiero con un cariño ciego e inexplicable. Como debe ser. Por el apellido o por la sangre. Aunque puede ser mucho más. Tal vez desde la primera vez que te ví envuelta en frazadas rosas y me enamore de tí mientras movías tus manitos para mí. Cargarte equivalía a la felicidad extrema. Ese mismo día me contagiaste de toda esa buena onda cuando yo solo tenía el corazón roto y una mochila llena de penas.

No dejes de visitarme por ningún motivo que yo siempre será tu Fifty, tu tío; porque eres y seras la única chica que no me dejará el alma partida en dos. Mi princesa sin corona. Mi manzana acaramelada. Mi mariposa dormilona. Mi cabeza de papaya. Y si la puerta de mi habitación anda cerrada, toca dos veces como siempre. No te preguntes mucho que hago allí adentro. Yo me la paso soñando con los ojos abiertos y escribiendo con los ojos cerrados. Igual que tú cuando pintas. Porque no lo evites, se que te encanta hacerlo.

Te cuidare cuando quieras, el resto del tiempo debes saber hacerlo. Crece todos los días y todos los días con esa sonrisa que me derrite. Aprende todas las cosas que en el colegio suelen enseñar y las más importantes te las mostraremos nosotros, tu familia. Ten en cuenta que es mejor un libro que la televisión. Una canción alivia más que una explicación. Un juego inventado es más útil que estar tirada sobre el sillón y que reir te hace más fuerte.

Y si un día tienes ocasión de leer esto, porque eres curiosa y te adoro, recuerda que eternamente tendré una historía más para tí, lista para contarte con muecas y en voz bajita. Muchas monedas para tus muchas propinas y un dulce que deslizaré en tu bolsillo o un chocolate inmenso que pondré en tu lonchera o en tu cartera y si quieres, podras ver discovery kids o mtv tomando gaseosa helada sobre la cama. Y siempre tendré hojas en blanco y colores para cambiartelos por besos y abrazos por montones. Porque tu alegraste mis días y lo minímo que puedo hacer por ti, es alegrar tu vida, Gina Alessandra, mi princesa manzana.

Gracias

Ya no recuerdo exactamente cual fue al primero que leí, pero estoy seguro que todos me causarón el mismo efecto: las ganas de seguir haciendolo. Una y otra vez. No importaba el medio, tampoco importaba el fin. Me sorprende tanto como la primera vez y no creo que me vaya a dejar de emocionar la sensación de tener un nuevo libro entre las manos.

Es un vicio tan extraño y solitario el de leer, tanto como crecer. Es facil engancharse pero muy dificil escapar. Incluso a mi me ha dejado la secuela que todo es tan inesperado y que incluso es posible escribir (o tratar de hacerlo) la mejor historia de tu vida. Mi mayor inversión son mis libros. No creo tener mejor patrimonio que eso y curiosamente es el que menos me permito compartir pues sigo una sabia lección de mi Padre “Quien presta un libro es un idiota…pero quien lo devuelve, lo es mucho más”. Así que no me pidan prestado un libro, ya saben la respuesta.   

Pero son los autores de esos mismo libros quienen merecen un crédito eterno. Un agradecimiento perenne. Pues son ellos quienes me introdujerón a ese mundo paralelo de vidas tan fantásticas donde soy dueño y esclavo, dios y mortal, escritor y lector, yo y mi otro yo. Y si uno es loque lee, no me quedaría más remedio que admitir que yo soy un poco de cada uno de ellos. Me he robado algo de la esencia de esas personas que con un raro esfuerzo y dedicación han escrito lo que uno es, o soy.

Tomo alcohol cada fin de semana porque se que eso inspiraba a Bukowski. Me gustan tanto sus cuentos y poemas que a veces pienso seriamente llamar a mi hijo con su nombre, Charles. En su honor y como forma de pago por salvarme de mil angustias cuando ,para cada cosa, no había explicación. A veces me escondo detrás de una cara inocente como Capote, no es a próposito, pero detras de ella también hay un sin fin de problemas como los de él. No es casualidad, pero dicen que mi apariencia roza con la de Wilde. Debo agregar que mi sarcasmo busca lo mismo, pero sin mucho éxito.  Tengo el placer por lo siniestro de Poe, las pocas esperanzas ocultas en Hemingway y el terror a los perros como Joyce.  

Trato de dejarme la barba como Cortazar sólo para parecerme un poquito a él. Uso anteojos por recomendación médica pero siempre eligo los más grandes y feos con él único próposito de tener algo de Bolaños, esa tortura que lo persiguio sin tregua y esas marcas insufribles que con una extraña delicadeza, marcaban su rostro.  A Borges le debo que muchas veces haya  intentado escribir cosas que, en teoría, buscaban ser dulces y perfectas pero que en práctica sólo buscaban una cita, un beso o “nos vemos pronto” por la mañana en un hotel y a Sábato le debo ese ingenio tan egocéntrico. 

Me encanta como vivio Virginia Wolf pero no me gusta la forma en que murió. La Chilena más agradable es y será Isabel Allende, una mujer tan decidida y valiente. Tan culta y loca. El look inesperado de Rosa Montero deber ser la excepción a la regla de la imagen que suelen proyectar los escritores. Debe ser la más fashion de todas. También la más guapa, definitivamente. Sus historias son lo máximo, sus vidas también. No puedo olvidar a Geraldine McCaughran quien a pesar que no escribio poco, hizo mucho con la saga de Peter Pan. No sólo me hizo recordarlo, sino evitar pensar que había desaparecido en mi el nunca jamas.  

Las ganas de Benedetti a veces las trato de adoptar. El lenguaje de Ribeyro es único y es único también la sencillez de Oswaldo Reynoso. Jorge Eduardo Benavides es un fuera de serie y de Bayly, solo la pereza es algo digno de imitar. Alberto Fugget me ha dejado mucho de su presunción y mucho más han dejado aquellos escritores anónimos. Que en la sombra son más agradable que bajo la luz y que son los que más admiro. A ellos y a los que alcanzarón cierto éxito sin propónerselo les debo mucho porque me salvarón de la locura que significa vivir. Gracias de verdad y gracias eternamente, por si no nos volvemos a ver.

Contaminado

Estoy enfermo. No al punto de morir tristemente pero tampoco al extremo de vivir sonriendo. Tengo algo en los pulmones que aunque el médico me ha explicado con toda la paciendo que puede tener: Yo no le entiendo, con toda la torpeza que poseo. No es injusto lo admito, sospecho que tantos años de fumador, soplar mil globos y aspirar plomo de las imprentas del centro de la ciudad, además si le agregamos a eso que me propuse, sin éxito, ser el próximo Caquino Hernández soplando la trompeta una y otra vez; no es gratuito que ahora mi aparato respiratorio (y todos los demás) sufran.

Pero a la vez sospecho que esas no son las únicas causas. Tengo un virus alojado en mí y parece sentirse cómodo. Me contamine no solo de una rara enfermedad que me obligará a toser, probablemente, todos los días de mi vida para recordarme que esta ahí, que estoy contaminado también de aire de ciudad, un raro viento que debio colarse por alguna rendija de la ventana.  

Me contamine de pereza, de malos pensamientos y de falsas emociones. En algún momento me quede estancado y sin enterarme me fue arrastrando la corriente. Deje de ser especial. Me empezó a transformar en uno más. Debio cogerme por los pies hasta invadir lentamente el corazón o mi cabeza. Me ha impedido cualquier amago de reacción, de duda y lo peor es que no le encuentro solución, no le encuentro cura.

Me prometi escribir todas la noche y sueños terribles me terminarón venciendo. La almohada se convirtio en mi mejor amigo. Trate de cuidar mi cuerpo como un templo y me rendi cobardamente ante el ron, la cerveza o el vino. La televisión me atrapo muchas veces e internet muchas más.  Jure nunca usar un celular para no terminar siendo un número y cada vez compro uno más moderno que el anterior. 

Olvide mirar más atardeceres y los poemas de Borges. Aborrezco el mar y ahora hasta mareos me da mirarlo. Me contamine de odio y por eso todavía reservo algo de rencor para una larga lista de personas que, considero, se lo merecen. El mal humor amenaza siempre a mis sonrisas y a veces me parece no escuchar latidos en mi corazón, no porque haya dejado de bombear sangre sino mas bien porque he perdido gran parte de emoción en explicaciones.  

Cada vez siento menos mis lagrimas que pienso alguien las ha secado. He perdido un poco de norte y también se sur. He perdido el control de las sensaciones que antes encontraba en libros o dulces canciones. La depresión no es prioridad aunque estaría más tranquilo si una inquietud opuesta o parecida me atacará.

Me contamine, definitivamente, no por un extraño mal que se metio en mis pulmones sino porque decidi mezclarme en esta sociedad de la que siempre preferí mantenerme al margen. Olvide las prisas y me detuve, me estacione cuando no debía, cuando más me lo prohibía. Por eso esta noche antes de apagar la luz, por favor, cierra las cortinas y hecha seguro a las ventanas porque ya no quiero respirar ese aire.

Un gusto haberte conocido

Voy a inventar la manera menos incomoda para responder a tus preguntas llenas de “comos” y “porques”. Ensayar la solución que mi ausencia no te permite encontrar y el olvido que me ha prohibido estrictamente recordar.

No te odio pero si te guardo rencor. Una parte mia, además de mis pulmones, esta contaminada. Se llena de rabia, a veces. Entra en conflicto con el corazón y me quedo sin más. Lo pierdo todo. Aquello que ahora te toca perder también. ¿No te han dicho acaso que la vida no es justa? Nadie tiene la felicidad comprada aunque se haya tardado tanto en ahorrar caricias y ocultar el amor bajo el colchon. Esa lección la aprendí gracias a tí y creeme o no, la aprendí.

Yo me enamore de tí arriesgándome incluso a que tu no lo este de mí y eso cuenta. Antes y ahora. Porque nunca deje de sonreir, porque capte cada señal y me maneje lo mejor que pude en un camino que no conocía. Un camino que ahora ya no me inquieta saber por donde va a pesar de sentirme perdido. A pesar de no sentir de nuevo por mi piel ningún cortocircuito.

Elimina cualquier intento de pensar para empezar a sentirte triste. Olvidalo. Declarale la guerra a la melancolía.  Empieza a reir por nada o por algún buen recuerdo. Por interminables caminatas a ninguna parte o comiendo enormes sandwichs en el ALF. Viendo la noche caer o bailando de madrugada una vieja canción. Intentálo. No me hagas dibujar tu sonrisa.

Evita hacer cuentas para averiguar quien sufrio menos y quien gano más. No es un privilegio sentirse bien o mal. Deja que el tiempo avanze. Deja que los sentimientos ganen. Forzarlos es un error. Lo imprevisto suele ser mejor. Y si a pesar de ello te sorprendes al encontarme en un pensamiento o en un sueño, abrazame fuerte, dime cuanto quieras, juega con mis manos en tu espalda pero finalmente dejame ir. Me lo merezco.

Piensa en ti con la misma intensidad que dices invertir en mí. Encuentra la calma que te permita avanzar de a pocos. No seas la locomotora que atropella hasta al más noble corazón y nunca pierdas la esperanza que solo provoca el amor y por favor, encuentra tu relación perfecta lejos de hojas de papel y muy cerca de la verdad.

No hay una manera dulce ni horrible de hacer esto y lo siento por lo dos. Solo el cariño queda y los miles de gracias también. Así que sacate la mochila de culpa y endereza tus pasos hacia la dirección que elijas y si nos encontramos o no ya no será problema nuestro sino del destino. Por ello no me atrevo a mover la mano para decirte adios pero si te repito con mucha sinceridad: Un gusto haberte conocido.

A

Siempre ha llamado enormemente mi atención que dos palabras con distintos significados y enormes diferencias empiecen con la misma vocal: A. Una de ellas es el Amor, la otra es la Amistad.

Dos palabras que la mayoría de personas tiene que conocer y enfrentar en su vida. Por iniciativa o porque se las encontró en un remoto lugar. El amor generalmente se busca por instinto o por soledad. ¿Alguien podría decir lo contrario? ¿No saben acaso lo que le paso a Adán? Mientras que la amistad, mucho más relajada, la encuentras cerca de tu hogar, lejos de ella, en la escuela o en un bar.  

Los expertos coinciden que con Amor todo lo puedes. Lo dice hasta Cristo y también Dios. Grandes poetas se han pasado gran parte de su vida tratando de imponer una teoría sobre su significado aunque su intención era sólo la de robar un suspiro y un beso. Cada cierto tiempo médicos y científicos exponen con inmenso orgullo que descubrieron el origen del amor. Para algunos esta ubicado en alguna conexión del cerebro, para otros, oculto en el corazón.   

Sobre la amistad sin embrago muy poca gente se ha manifestado. Teólogos, sabios, escritores médicos y una serie de especialistas tienen una versión muy limitada y personal. He leída varios, me han convencido algunos pero son criterios que es mejor proponerse y no confiar.   

Porque luego ya de haberme topado con ambas palabras en distintas etapas y en distintos lugares estoy seguro que la gente habla más del amor porque teme encontrar amistad. Amor es una palabra corta y lo que implica conseguirlo resulta siempre el camino más largo, carece de éxito asegurado y generalmente incierto. Nadie puede garantizar su prolongación. Ni siquiera Dios.

Para amar hay que ser más instintivo que listo. No recuerdo a una persona inteligente feliz. Sólo he visto tontos enamorados sonreír. Por amor la gente miente y cuando miente hiere y cuando hieres, sufres y entonces vuelves a mentir.

La amistad no incluye tantos requisitos. No hay una regla clara y básica. Es tan libre que siempre anda dando vueltas por ahí pero la gente siempre le teme, la gente siempre la hecha a perder. La confunde con otra palabra. La otra palabra que empieza con A, pero que de saberla utilizar podría terminar mejor. Podría acabar en recuerdos buenos, sonrisas nostálgicas y momentos que nunca logras olvidar.

Por amor se inician guerras que luego la amistad finaliza. El amor separa, la amistad une. Con amor han enloquecido miles de personas que mucho después y en la amistad, hallaron calma. Para el amor es mejor engañar, aparentar cualquier cosa menos lo que realmente somos. La amistad sólo nos permite ser sinceros. No hay porque elegir tantos disfraces entre los que ya tenemos.

El amor es un imposible. La amistad, un privilegio. Son palabras tan opuestas y sin embargo sólo mantienen dos pequeños parentescos: ambas inician con la primera vocal y las dos siempre andan buscando a la felicidad.

Siete y Media

Sergio recorrió mil lugares para conseguirle el mejor regalo a Micaela. Debido al tiempo transcurrido que había extendido su relación no podía comprarle algo por catalogo o simplemente dejarlo al azar. Eran dos años y tal vez más. Las discusiones, desacuerdo, desplantes, las exageradas tardanzas y todo ello estaban alejados de ese día. Porque ese día él iba a proponerle matrimonio. 

Recuerda estar enamorado. ¿Ella recordará estarlo? Sergio no tenía ni la menor idea de que pasaría después de hacer la pregunta usual. Sólo estaba convencido de querer hacerlo. Toda la información necesaria la tenía grabada de matrimonios que había visto triunfar o fracasar. No venden libros que aseguren el éxito para estas situaciones. Solo quedaba arriesgar. Tenía un plan. Micaela no lo iba a olvidar. Él no puedo olvidarlo aún.     

Sergio era un fanático del cine. Aún lo es. Micaela era fanática de la impuntualidad. ¿Aún lo es? Debido a esto se habían perdido tantos estrenos, reuniones, trabajos y sobretodo, momentos juntos. Nunca había una buena explicación y nunca ninguna que terminara por convencerlo. 

Había preparado todo con tanta anticipación que no podía haber margen de error. Sólo por esta vez ella tenía que ser puntual. Seis en punto era la hora señalada y luego de un complicado acuerdo entre gran personal del cine, al que solían asistir, la pantalla en lugar de pasar breves adelantos de próximas películas proyectaría una gran pregunta escrita en rojo: “Micaela ¿Quieres casarte conmigo?” Y con mucha prisa sacaría de uno de sus bolsillos del pantalón la sortija que con tanto esfuerzo consiguió.  

Eran las cinco en el centro de la ciudad. Sergio vivía a pocas calles del cine. Se vistió muy elegante. Compro rosas para ella y chicles para él. Sospechaba que a pesar de la insistencia, Micaela tardaría igual. El tiempo paso hasta que faltaban poco minutos para las seis. Empezó a desesperarse pero la seguía esperando en la boletería, listo para sorprenderla y entrar.  Pero ella no llegaba. Tuvo que comprar más chicles. Luego cigarrillos y más chicles. Hasta que que cansado dejo las rosas en el suelo y decidió sentarse en un rincón de la acera.

Noventa minutos después apareció Micaela. “Vamos pronto que nos vamos a perder la película” fue lo último que escucho Sergio, porque luego dio media vuelta y regreso a casa pensando en la suerte que tendría el hombre que estuviera en la sala con una mujer llamada Micaela a las seis y no a las siete y media. 

 

 

Mi Primer Beso

La mujer más hermosa del mundo es dueña de mi primer beso. De brazos fuertes pero tan delicados al abrazar y de manos capaces de regalar las caricias mas tiernas y siempre listas para sorprender si el hambre sorprende tambien. Me regalo esa nueva sensación hace ya mucho tiempo y porque la memoria siempre te obliga a recordar, yo todavía lo recuerdo. Yo todavía te recuerdo.  

Mi primer beso me lo robo la mujer con la imaginación más linda que haya podido conocer. Cada vez más atenta si tenia que inventar un nuevo juego, crear un nuevo pasatiempo o ingeniar una nueva forma de amar. Aunque la mujer que me dio mi primer beso, y esto lo debo decir, lo siento; era un poco rara a veces. Se quebraba sin razon y por más esfuerzo que yo ponia para animarla más la hundia en su desolacián. Pero lo mas curioso era que al salir de esa inusual situacion muchas más eran sus ganas de besarme.    

La mujer que me regalo mi primer besos inspiro muchas cartas que escribi. Lastima que nunca se las enviara y lastima además que solo conservo una. Pero que cada cierto tiempo y sobretodo en las noches, la leo. También tengo una carta que ella me escribio pero es una carta triste, como esas de despedida que es mejor conservar y nunca leer. No quiero que piense que sigo triste y mucho menos que al recordarla lloro.

Mi primer beso a veces no me deja dormir y si finalmente lo logro se entromete en mis suenos. Me hace buscar llaves, me levanta de la cama sin razón, y hace que tome la sopa fria porque caliente nunca la quise tomar. Me manda a comprar a una tienda lejana un articulo imposible de encontrar para que no la vea llorar.  Me encantaria volver a verla pero con unas ganas increibles me encantaría si pudiera besarme otra vez, porque de nadie he vuelto a recibir un beso asi.

El primer beso que recibi fue de mi Madre…el ultimo, espero que me lo des tú.

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